martes, 22 de mayo de 2012

Orgullo y Prejuicio


Esta novela ya tiene tiempo, pues fue escrita por Jane Austen en 1813.
Aunque figura como novela dentro de la vida de cada uno de nosotros, en diferentes dimensiones, diferentes caras. 

Esta película me atrapo, y, no solo por el drama y trama. Desde un principio sentí la necesidad de verla hasta el final. En sí, la película trata de esos amores que crecen imposibles, que el destino te decreta imposibles, que terceros se involucran y te quieren tumbar haciéndola imposible, pero que no son más que paredes propias puestas e interpuestas entre la realidad y el teatro que arma nuestro lado izquierdo.
Ellos (los protagonistas) luchaban entre un mundo moralista, esto significaba mucho y a la vez poco, al final lo que importaba era tal como es: ¡simple!
Es una novela de desarrollo personal, en la que los protagonistas Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, cada uno a su manera y, no obstante, de forma muy parecida, deben madurar para superar algunas crisis, aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia el.


Ella lo conoció y lo delato como engreído y prepotente, frio, calculador y poco amable.


Ella lo conoció y se percato de que los ojos de aquel perfumado (supongo) figuraron puestos sobre ella, pero cargados de miradas expectantes, si, como que de inmediato abrió su puerta a un mundo de posibilidades mismas que no terminaría de calcular. Siguió la historia…


El se le declaro con tanto respeto y bajo una lluvia intensa y de esa que te golpea fuerte en la cara, el pelo, el cuerpo; y ese mismo respeto pareció estar con total falta de Amor. Ella carga su orgullo y un montón de dudas que sembraron, como lo menciono al principio: terceros.

Luego lo intento buscar y el, callado, la seguía buscando, pero así, callado, quieto. Ella lo busco de nuevo y esta vez era mirada de anhelo, pero seguía callado, quieto. Por último, ella no lo busco, solo la abrazaba un a fresca mañana amenizada por el insomnio, de esos que dan en esos casos; y así, sin buscarlo el apareció, abrazado también por la misma mañana, buscando un suspiro que le llegara a despertar, y, ahí estaba ella.

Llamo mi atención que le dijo: ¡Te Amo! Tres veces, pero, ahora con esa mirada de: “créeme porque te necesito tanto que no pasaría un minuto más de mi vida sin tenerte en la mía”… fuerte ¿no?
En ese mismo instante y ya en mi realidad, me pregunte: ¿Cuántas veces hemos dejado que el Orgullo y Prejuicio se coma lo que somos y lo que queremos hacer, ser?, bueno no puedo darme respuesta personal, solo recuerdo que desde que esto comenzó a ser así, y hablamos desde las peleas en la escuela por lo que ahora creemos una estupidez y que causaban una ruptura de amistad por aquello de “no le hablo, hasta que el, o ella me hable”. Luego también la llegada de alguien nuevo al trabajo una vez ya pasados los años y, que este alguien ya le achacábamos varios tipo de prejuicios, aunque para los historiadores y literarios solo sea uno, el que nosotros hacemos.


Orgullo: cuando nos cambian los planes y nos creemos solemnes para no adaptarnos y cambiarlos, por así decirlo, aceptar.
Prejuicio: al vernos y pensar en quien eres, cuando posiblemente sea todo lo contrario y nos leímos la cartilla mutuamente sin siquiera darnos la mano y conocernos.
Orgullo: dejar que pase el tiempo y creernos escarabajos blindados, de una coraza inviolable a la cual no pueden persuadir, no pueden entrar, no pueden romper.
Prejuicio: al pensar que por el hecho de equivocarte una vez, lo harás 100 veces más y así es tu personalidad.
Orgullo: creer que llevar la mirada siempre alta te dará respeto.
Prejuicio: creer solo lo que ves y lo que escuchas.

De nuevo, y para todos, ¿Cuántas veces nos hemos dejado manejar por este sentimiento (orgullo) y por este estado de ser (pre juicioso) que nos hemos perdido de hacer y decir lo que queremos por algo más que en realidad es menos?

¡Vaya!, que pregunta tan larga, pero si alguien tiene la respuesta, le agradezco la compartiera con conmigo, siento que me falta vida para poder satisfacer esta duda existencial y ciertamente me falto novela.